Atesorar

Es interesante comenzar conociendo el origen etimológico de este término que ahora nos ocupa. Así, hay que establecer que se trata de una palabra que procede del latín, exactamente de la suma de tres elementos de esa lengua:
-El prefijo “ad-” que puede traducirse como “hacia”.
-El sustantivo “thesauros”, que es equivalente a “riqueza”.
-El sufijo “-ar”, que se utiliza para darle forma a verbos.

Atesorar

El verbo atesorar deriva del término tesoro: una acumulación de cosas valiosas, como dinero o joyas. Atesorar, en este marco, consiste en almacenar, acopiar, amontonar o tener elementos que disponen de un elevado valor, ya sea económico y/o simbólico.

Por ejemplo: “Te agradezco por estos momentos maravillosos que me has hecho vivir: voy a atesorar esta noche por siempre”, “No entiendo a las personas que quieren atesorar su dinero en el banco toda la vida: al morir, no podrán disfrutar su riqueza”, “El museo anunció que, al invertir un millón de euros y ganar la subasta, podrá atesorar el famoso cuadro en su galería principal”.

Una entidad o una persona pueden atesorar objetos que son valiosos económicamente a modo de ahorro. Ese es el caso de un hombre que atesora acciones de una empresa como fuente de riqueza. El atesoramiento también puede vincularse al coleccionismo: un joven puede atesorar camisetas de equipos de fútbol ya que este deporte es su pasión.

Así, por ejemplo, podemos establecer que el Museo Nacional del Prado de Madrid (España) tiene el honor de atesorar una de las colecciones más completas y valiosas de obras de arte de artistas europeos de todos los tiempos. Y es que quien visite este centro cultural tendrá la posibilidad de ver obras fascinantes de autores tales como Goya, Velázquez, Tiziano, El Greco, Rafael, Rubens, El Bosco…

Así, tiene pinturas de reconocimiento internacional e histórico como “La Anunciación” (1430) de Fra Angélico, “El Jardín de las Delicias” (1503) de El Bosco, “El lavatorio” (1548) de Tintoretto, “El caballero de la mano en el pecho” (1580) de El Greco, “La rendición de Breda” (1634) de Velázquez, “Las tres Gracias” (1636) de Rubens…

Atesorar, de todos modos, no siempre se asocia a elementos físicos o monetarios. Los recuerdos, las emociones y los momentos vividos pueden atesorarse: es decir, “guardarse” internamente. De este modo, una mujer puede atesorar el nacimiento de su hijo como el instante más feliz de su vida, así como un anciano atesora sus vivencias de la infancia en su corazón.

En este sentido hay que indicar que un ejemplo podría ser el siguiente: “Eva se enorgullece de atesorar el amor incondicional y pasional de su marido”.

Otra posibilidad es atesorar objetos sin valor económico pero importantes desde la perspectiva sentimental: un cuaderno de la infancia, un colgante de una abuela, una lapicera de un abuelo, etc.

Atesorar objetos de ese tipo permite al ser humano no solo recordar a la persona a la que pertenecían sino también sus enseñanzas, los sentimientos que les unían o los buenos momentos que compartieron juntos.

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