Escandalo

El origen etimológico de escándalo se encuentra en un vocablo de la lengua griega: skándalon, que refería a una piedra con la cual un individuo tropieza. Este término llegó al latín tardío como scandălum y luego arribó a nuestro idioma.

Escándalo

En castellano, la piedra de skándalon se volvió simbólica ya que el concepto puede aludir a un suceso que provoca conmoción e irritación. Lo escandaloso, en este sentido, es condenable desde el punto de vista moral y genera un impacto negativo.

Por ejemplo: “El presidente del país asiático se vio forzado a dimitir por un escándalo de corrupción”, “El partido terminó en escándalo, con los jugadores tomándose a golpes de puño”, “La actriz provocó un escándalo al acudir al estreno de la película con un vestido transparente y sin ropa interior”.

Un escándalo, ante todo, atrae la atención y da lugar a una reacción de la gente. Dicha reacción suele ser mala: las personas se enojan ante el responsable del escándalo ya que consideran que realizó algo que merece una condena. El escándalo puede ser la consecuencia de un delito (si se descubre a un gobernante recibiendo un soborno, por citar un caso), aunque también puede vincularse a un hecho impactante o que provoca morbo (como cuando un futbolista tiene como amante a la novia de un compañero de equipo).

La idea de escándalo, por otra parte, puede referirse al ruido, el desenfreno o el alboroto: “No me gusta el escándalo que hay en este bar”, “El restaurante era una escándalo porque había una mesa grande llena de chicos que gritaban y jugaban”, “¡Terminen con el escándalo! Bajen la voz y compórtense correctamente”.

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