Dormir
El verbo dormir alude a lo que hace un ser humano o un animal cuando se encuentra en un estado de reposo que implica la ausencia de movimientos voluntarios y la suspensión de los sentidos. Al dormir, la persona está inactiva.
Por ejemplo: “Estoy tan cansado que pienso dormir hasta tarde”, “No te olvides de cepillarte los dientes antes de irte a dormir”, “¡Cuánto ruido! Con este escándalo no se puede dormir”.
La cantidad de horas que un sujeto debe dormir al día para sentirse bien y estar saludable varía según la edad y otros factores. A nivel general, puede decirse que un adulto debe dormir unas ocho horas diarias. Estas horas de sueño suelen organizarse en cuatro o cinco ciclos de entre noventa y ciento veinte minutos.
Al dormir, una persona logra eliminar residuos celulares de su cerebro y consigue consolidar su memoria. Se conocen como trastornos del dormir o trastornos del sueño a los inconvenientes que pueden afectar a un individuo y alterar el ciclo de sueño y vigilia.
Dormir, en ocasiones, lleva a soñar. Un sueño es una representación que se crea en la fantasía de aquel que duerme mediante imágenes o sucesos. Dicha representación se desarrolla de forma involuntaria.
Cabe destacar que hay otras acepciones de la noción de dormir. En ocasiones, este término se utiliza como sinónimo de pernoctar: “Hoy voy a dormir a la casa de mi novia”, “No se dónde vamos a dormir esta noche”. También puede referirse a descuidarse o desatender algo: “Ten cuidado: en este negocio, si te llegas a dormir, te pasan por encima”, “Por tu desatención nos hicieron un gol: ¡no te vuelvas a dormir!”.